jueves, 15 de septiembre de 2011

Campanas de Boda


Como algunos de vosotros sabréis, Gerard, uno de nuestros colaboradores, se nos casa.
Hace unos días le pidió el matrimonio a su pareja, pero de una manera un tanto especial.
Por desgracia, no tenemos en nuestro haber un documento audiovisual para demostrar semejante acto, pero os relataremos con detalle lo que puede ser una de las pedidas de mano más freaks de los últimos tiempos. Los hechos sucedieron así:

Antes de nada os pondré en situación. Gerard y su pareja cumplieron 8 años de noviazgo el dia que él le pidió matrimonio. Como una buena pareja de freaks que son, han ido coleccionando diversas cosas freaks. Entre ellas, tuvieron una época que les dio por el huevo kinder. Llegaron a almacenar quilos y quilos de figuritas de los kinder, y siempre han sido para ellos algo especial.

Cuando Gerard pensó en dar el paso, ya tenía claro que iva a hacer:
Después de pasarse unos días buscando huevos kinder por doquier (en Agosto los cambian por el kinder joy), compró tres o cuatro huevos en una gasolinera a 14 kilómetros de su ciudad. Una vez en casa, cogió uno, lo  desenvolvió, con un cuchillo caliente lo seccionó por la mitad y cogió la capsula. Quitó el regalo del interior (por supuesto, lo guardó a buen recaudo...), puso el anillo de pedida, que había comprado préviamente, y enrolló unas nuevas instrucciones, que había diseñado préviamente. Calentó las dos mitades del huevo kinder y volvió a pegarlas cuidadosamente, con la capsulita dentro, por supuesto, y volvió a cerrar con delicadeza el huevo con el envoltorio.

El siguiente paso fue preguntarle a José Antonio Google cual era el restaurante más romántico de Barcelona y reservó una mesa con todos los extras. Miró la carta del restaurante, y de un vistazo supo que pedirían de postre, Goullant de chocolate. Llevó el huevo kinder al restaurante y se lo entregó al mâitre, para cuando pidieran el postre, le pusieran a ella el huevo kinder en su Gollant.

Llegó la gran noche, los dos bajaban las escaleras con pétalos de rosa del restaurante, hácia un pequeño comedor vacío, donde la única luz que se apreciaba, era la de las miles de velas que estaban dispuestas desordenadamente en una pared de roca viva llena de agujeros y salientes. Les sentaron en una mesa llena de pétalos de rosa y con un candelabro con velas y empezaron a cenar.
Cuando llegaron a los postres, Gerard vió que había acertado de pleno. Ella pidió Goullant, él pidió tarta de queso para disimular y que no se vieran dos Goullants diferentes.
Lo único que tuvo que hacer luego, fue robarle la cápsula de sus manos (cosa muy habitual también), levantarse, dirigirse a su lado, hincar la rodilla y pedirle matrimonio brindándole una cápsula de huevo kinder. Ella la abrió y buscó en su interior, y después de ver el anillo, leer las instrucciones, el ataque de risa, y el callo en la rodilla de Gerard, le dijo que sí, y se dieron un beso que no os voy a contar aquí.

Al acabar de cenar, pasearon un rato por El Born, el barrio antiguo de Barcelona, donde tomaron una copa a la luz de las farolas modernistas. Y con un puñado de pétalos que cogieron del restaurante tirados por el suelo y la llama del monumento a los que perdieron por allá el 1714 en El Fossar de les Moreres, inmortalizaron ese momento con una foto del Iphone sin flash.



A los pocos días estuve hablando con Gerard. Me dijo que no lo dijera a nadie. Pero me dijo que fué la noche más maravillosa de su vida.

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